Hablar de nuestros vinos malagueños es hablar de naturaleza, elegancia y riqueza de aromas. Sol y tierra se funden en una tradición vitivinícola que se remonta al siglo VIII a.C. con la llegada de los fenicios a las costas malagueñas.
Es en 1933 cuando aparece el primer consejo regulador en España, el de la Denominación de Origen Málaga. En 2001 aparece publicado el cuarto reglamento del consejo, donde se reconocen la D.O. Málaga (para vinos dulces y de licor) y la D.O. Sierras de Málaga (para vinos tintos, blancos y rosados), dos denominaciones de origen para dos estilos de vino diferenciados.

Es en Mollina, lugar de nuestros vinos, donde se produce el 80% de estos vinos ancestrales por la riqueza de sus tierras, colmadas de esencias y matices, donde se trabaja con mucho mimo durante todo el año para hacer de la vendimia una fiesta de aromas, texturas y colores.